sábado, 25 de febrero de 2012

DE LA FIGA A LA HIGA Y DEL HIGO AL HÍGADO (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLIII).

Esta entrada es continuación de las anteriores. Recomendándose la lectura previa de aquellas que le preceden, para una comprensión plena de cuanto exponemos en ella.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, claustro (patio) del Antiguo Hospital de Tavera, en Toledo. En la imágen, al fondo a la derecha observamos la puerta de entrada a la botica del hospicio; a su lado una ventana que servía para despachar los "medicamentos" o "recetas" desde el interior del laboratorio -sin precisar tener contacto con los enfermos que las recogían (para evitar contagios)-. Si visitamos la mencionada farmacia, nos encontraremos que conserva dos muebles "lapidarios" (uno del siglo XVI y otro del XVIII), donde se guardaban las gemas y los metales para confeccionar los medicamentos. Minerales como oro, plata, cobre, carbones, calcios y hasta piedras preciosas (jades, esmeraldas o rubies), que se molían o se cocían para mezclar con otros componentes, con los que conformaban las recetas curativas. Pensándose firmemente que aquellos eran la "piedra de toque" de muchos medicamentos, a los que se les atribuía una capacidad sanadora por contener oro, plata, o gemas molidas. Diversos tratados sobre las facultades curativas de estos procesos alquímicos se han escrito, entre los que en nuestra tierra se distinguen el Lapidario de Alfonso X y Las Etimologías de San Isidoro de Sevilla. Estudios donde se especifica minuciosamente las propiedades curativas y sobrenaturales de los metales o de las piedras (sobre todo de las preciosas).
 

ABAJO: Collar de lignito (un tipo de azabache) de época eneolítica, fechado hacia el III milenio a.C., perteneciente al Museo Arqueológico de Burgos (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). En esta entrada volveremos a incidir sobre la importancia mágica y curativa de las joyas, tanto como en su significado apotropaico (contra el Mal de Ojo). Hechos que consideramos de suma importancia para el estudio de piezas antiguas de orfebrería, tanto como de los adornos personales en el pasado (especialmente arqueológicos). Debido a que un anillo, o un collar, hace siglos no era tan solo un abalorio para mejorar la imágen -tal como hoy se concibe-. Sinó que en principio suponía una seña de identidad (determinando un rango o status de aquel que lo portaba), tanto como un talismán con fines curativos y protectores, usado sobre todo contra determinadas "enfermedades" o "malos espíritus". Para comprender el significado de la joyería en La Antigüedad, bastará con imaginar el que tenía hasta no hace mucho en nuestra cultura una simple alianza de matrimonio. Portada como signo e identidad imprescindible para el casado -quien de no llevarla era visto como una persona "extraña"- y siendo parte necesaria en el propio ritual de la boda.



Comenzamos esta entrada resumiendo algunos conceptos ya expuestos en anteriores artículos, en los que lográbamos comprender la importancia de la joyería en la Antigüedad. Adornos fabricados en metales y piedras preciosas, de los que vamos entendiendo que no solo contenían unos poderes mágicos (o sobrenaturales); sinó que asimismo se les concedía unas verdaderas propiedades terapéuticas -que la "medicina" de entonces demostraba-. Tanto es así, que aún hoy en día existen teorías de tipo "naturalista" u homeopático donde se afirma que llevar determinadas pulseras puede llegar a curar enfermedades. Creyendo quienes las siguen, que al ponerse en contacto la piel con algunos metales (o gemas), ello genera campos magnéticos y "energéticos" que sanan algunas dolencias (en especial las óseas). No vamos a entrar a discutir sobre estas teorías, pues lo que nos importa es el mero hecho de que hasta nuestros dias se hayan conservado estas costumbres. Hipótesis medicinales (extrañas o no) que demuestran cómo estas ideas -que aún se siguen-, concedían ese carácter "medicinal" a las pulseras, collares o colgantes. Abalorios o torques que se consideraron portadores de energías y transmisores de poderes, capaces de sanar enfermedades y de proteger al que los llevaba contra los malos espíritus.

Por su parte, la joya en sí misma durante la Antigüedad contenía tres elementos mágicos; siendo el primero, los materiales con los que aquella estaba hecha. Valorándose desde el punto de vista económico por el oro, la plata y las gemas (etc) que contenían; lo que determinaba en gran parte su fuerza apotropaica -la capacidad de ahuyentar al mal relacionada con el "precio" de la alhaja-. Aunque también era de suma importancia la composición y mezcla de aquellos minerales que se fundían y engarzaban para lucirse. Habiendo de guardar un órden según la función para la que se usaban, teniendo cada metal y cada gema un significado que conseguía proteger al portador de aquella. Para que lo comprendamos bien, mencionaremos un ejemplo que venimos comentando: Así si la joya se trataba de un talismán combatir el Mal de Ojo, comunmente esta se hizo en la Antigüedad con piezas de color azul y en forma de pupila (habida cuenta de que en el Mediterraneo el ojo temido era el de color cobalto, tal como los bárbaros del Norte los tenían). Finalmente para que aquellas alhajas contuvieran un verdadero carácter mágico, un último y quizás más importante requisito era su diseño y el significado de lo que representaba. Guardando un minuciono simbolismo cada una de las formas en las que se labraban las joyas. Habiendo de representar de manera figurada (o real) el elemento sobre el que se deseaba actuar de manera "simpática" -nos referimos a "magia simpática", consistente en realizar una seña, rito o gesto, parecido a aquellos hechos divinos o naturales, sobre los que se desea intervenir o controlar-.

Para que lo comprendamos mejor y dado que en la presente entrada estudiaremos el significado de la mano "higa" como ahuyentador del Mal Fario. Vamos a exponer brevemente algunas ideas, para entender por qué se considera que estas las figas de estar talladas en azabache, se consideraba que contenían un mayor poder protector. Manos con el dedo saliendo, que tanto se ven fabricadas en este carbón cristalizado por la zona del Camino de Santiago. Cuya razón de ser no solo está en el hecho de que en las proximidades de la Ruta Jacobea se den las mejores minas de azabache de Europa. Lo que sin duda alguna puede considerarse uno de los motivos para la proliferación de talismanes tallados en esa piedra negra a lo largo del Camino Compostelano (sobre todo en su tramo final) -aunque ello no es el más importante motivo, puesto que los yacimientos de lignito se hallan más bien de la zona y tierras asturianas que gallegas-.

Por lo que la profusión de amuletos esculpidos en este carbón cristalino tiene su razón de ser en que aquella piedra negra era tenída por curativa desde los más antiguos y remotos tiempos. De tal manera, nos dice Carmén Baroja de Caro sobre el azabache: "Es el magno preservativo que se encendía con las aguas y se apagaba con el aceite; ahuyentando la mirada del Basilisco y recreando la de la madre. Con dicha piedra se puede conocer la virginidad y cocida en vino curaba los males dentales" (1). Igualmente, ya San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías afirmaba que este negro carbón hacía huir a la serpiente. Tanto como Plinio aseveraba que poniéndo este mineral sobre el epiléptico, se lograba saber si sufría la enfermedad (e incluso curarle); tanto como el azabache servía para combatir el veneno de cualquier serpiente. Todo ello, unido a las propiedades que otros lapidarios -como el de Alfonso X el Sabio- concedían a este carbón cristal, del que se suponía que molido y aplicado sobre los ojos curaba oftalmias. Hacía de lo que se llamaba "piedra del Gagas" un mineral tan mágico como sobrenatural. Confiriendo unos dones maravillosos a este simple lignito, que por decirse procedía del rio Gagas (de Turquia) se terminó denominanado en el mundo árabe "azabache" (2).

JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, mano con el símbolo de la higa. Según los autores antiguos esta postura siempre tenía un sentido sexual: Algunos opinan que se refiere (o simula) la vagina, mientras otros consideran que significa el pene entrando en aquella. Los menos, también hablan de que se trata de un ojo, relacionando este con el sexo femenino. Para comprobar lo que decimos, hagamos el gesto con la mano y veremos cómo puede significar las tres ideas a las que nos hemos referido -bastando con girar de lado la "higa" para darse cuenta que aquel amuleto (o postura) que sirve para ahuyentar el Mal de Ojo, contiene claramente la forma de un ojo, cuya pupila sería el dedo gordo sobresaliendo-. A continuación trataremos sobre el origen y significado de este extraño signo que ya existía en el II milenio en Egipto y ha pervivido hasta nuestros días con un significado muy cercano.
 

ABAJO: Tres amuletos de los siglos XVII al XVIII en forma de figa, propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León (al que agradecemos nos permnita divulgar su imagen) (3). El primero de la izquierda se trata de la pata de un animal (tejón) que guarda una forma parecida a la mano ahigada. Los dos de su derecha son las típicas "figas" de azabache, tan comunes en la zona compostelana. Como venimos analizando, un talismán o un escapulario que de fabricarse con una piedra semipreciosa a la que le atribuían propiedades mágicas, contenía una mayor fuerza protectora. De tal manera, los poderes del colgante o del amuleto hechos con esos materiales específicos, a los que se otorgaban grandes dones, eran entendidos como grandes profilácticos. De todo ello, que las joyas contuvieran tres elementos sobrenaturales como hemos dicho: Primero su diseño (el objeto sagrado que representaban); luego el valor de sus materiales (siendo más mágicas cuanto más caros fueran los metales y piedras que las engarzaban). Finalmente, el poder del talismán se medía al estar fabricado con los minerales propios y determinados para combatir unos males y enfermedades.


Repetidamente hemos dicho ya que la Higa o Figa, es quizás el símbolo más antiguo y que ha sobrevivido durante más años con un significado aproximadamente parecido. Ello, porque al menos ya lo hallamos en Egipto previamente al II milenio a.C.; perviviendo de manera común en las civilizaciones sucesoras a la faraónica (como la púnica, la griega y la latina). Siendo la Higa tan usada entre los fenicios y romanos, que puede considerarse -junto con el ojo y el falo-, el talismán que más se encuentra en los yacimientos de aquellas épocas. Finalmente, pasa la Higa a la etapa cristiana; sobreviviendo curiosamente a prohibiciones y tabúes que afectaban a otros símbolos y que no quitaron nunca estas manos de la suerte. Tanto que en la España de los más duros siglos de la Inquisición, la hallamos puesta sobre cinturones que lucían la gran mayoría de los niños; a la vez que usada por viejos y doncellas (para ahuyentar el Mal Fario y la mirada envidiosa). Llegando en pleno uso y sin haber sido derogado su "culto" hasta el siglo XVIII; época de las Luces donde sabemos que pese a la Ilustración, en nuestras tierras había hombres matronas cargados de esas higas. Portando normalmente cada mujer y cada niño al menos alguna de ellas, escondida o a la vista (entre sus refajos o colgada de su pecho), para poder hacer la señal de "tomar la mano" cuando había sospecha de estar ante las miradas de aojadores.

De cuanto decimos dan buena cuenta los retratos y ajuares de los príncipes y nobles niños del siglo XVII y XVIII, a los que vemos luciendo aquellas higas. Tanto como infinidad de textos literarios (en especial redactados por viajeros), que nos narran con extrañeza como en España, toda mujer que se preciara -o noble que bien se cuidara-, llevaba siempre encima un buen aderezo de estas "manijas" con el fin de protegerse del Mal de Ojo. Es por ello, que el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, en su primera edición define y describe la voz Higa como: "Amuleto con el que vanamente se persuadían los gentiles que se libraban del fascino y del mal de ojo, y apartaban de sí los males que creían poder hacer los envidiosos cuando miraban las personas o las cosas (...) La significación y representación de la figura es cosa torpísima y estaba dedicado a Príapo" (4) .

Pese darnos el diccionario la definición de un amuleto antiguo, hemos de añadir que en aquellos años de fines del siglo XVIII, en España las gentes llevaban y utilizaban comunmente aquellas "manijas mágicas". Tanto, que era más que extraño encontrar a alguien que no tuviera una en su casa, que no la hubiera llevado de niño, o que no la portara colgada. Algo de lo que dan fiel relato los libros de viajeros llegados a nuestras tierras en ese tiempo, quienes se asombran a ver a mujeres con collares de los que colgaban estas higas por decenas. Tanto como se sorprenden los extranjeros que escriben sobre la España del siglo XVIII, al observar a hombres, niños y matronas; quienes a la mínima sospecha -y ante la mirada de un extraño-, sacaban aquel talisman en forma de puño, diciendo (mientras señalaban al posible aojador): -"Toma la mano"-. A lo que el que se encontraba frente a "aquello", para quedar libre de toda sospecha, debía tocar la Higa pronunciando la frase: -"Dios la bendiga"-. Deshaciéndose el posible hechizo del Mal de Ojo, con este simple rito que tanto se repetia por entonces -sobre todo al encuentro de extraños-.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, foto de una lucerna de barro que contiene la forma de "higo" (figura 58 libro "Sex or symbol?" de Catherine Johns, editado por el Museo Británico en 1988). Vemos en esta lámpara romana del siglo I a.C. la ordinaria identificación que se hacía entre el sexo (femenino) y el higo. Tanta que aquellos dos "objetos" se concebían representados en la postura de la mano denominada "higa", que sabemos era un símbolo sexual. Seña que unía esa fruta, con el sexo y el ojo; e incluso era visto como una meción al hígado (del cual partía la líbido). Estos hechos, que nos pueden parecer tan groseros, son fundamentales de exponer y analizar para comprender cual era el significado de la Higa desde la más remota antigüedad. Una seña hecha con la mano cerrada sacando el dedo, que protegía contra al Aojo. Mal que se en parte se concebía debido a la envidia que nacía del deseo sexual, o de la observación de la belleza inaccesible y de algo que jamás podía poseerse (fascinación que curiosamente llegaba a trasmitir sus males con aquellas miradas). Lo que se combatía con el puño cerrado, sacando el dedo pulgar simulando con la mano una vagina (o un ojo). Signo que se llamaba Higa o Figa, relacionando aquel fruto y sus dones con la curación del aojo. Más abajó intentaremos explicarnos los por qués de un talismán y una seña de este tipo.
 

ABAJO: Varios amuletos romanos contra el Mal de Ojo, hechos en oro puro y con forma de figa (fechados entorno al siglo I d.C.). Observemos que son exactamente iguales a los que actualmente se usan, e idénticos a los que en Egipto y Fenicia se utiliazaban con el mismo fin (hace tres o cuatro mil años).


Veíamos en la foto superior una lucerna romana en forma de higo, donde la grosera identificación de esta fruta nos puede enseñar cual era el significado original de la Higa (desde hace más de dos mil años). Algo que podremos comprender mejor cuando Richard Payne (5) nos expone en su estudio sobre los ritos priápicos: "Ficus, era una palabra de género femenino y parece haberse transformado en el lenguaje popular en la forma más común de los nombres dados al órgano femenino". Voz que en casi todos los idiomas se dice de manera muy similar y así en inglés es "fig", en francés "fige", en italiano "fico", en portugués "figo" y en alemán se pronuncia "feige". Término que prácticamente en todo el Mediterraneo se interpreta en sentido figurado por el sexo femenino (e incluso el masculino). Grosera broma que aún a todos nos hace tanta gracia, pero que ya Aristófanes comenta en sus obras, llamando "siko" al sexo -voz esta última, cuyo origen no sabemos si procede de la misma raiz (ya que siko y sexo son muy próximas)-. Siendo para los griegos esa una expresión que se refería al del hombre tanto como el de la mujer; ya que "sikuos" () era "pepino" en idioma heleno, por lo que así mencionaban de manera ordinaria al "pene". Al igual que "sikon" () se traduce en sentido figurado por "vulva", significando realmente "higo".

La relación entre todos estos (el sexo, el pepino, o el higo) no solo se limitaba al "divertido" parecido, con el que se tendía de continuo a bromear. Una segunda razón existía -esta médica-, que interconexionaba la función reproductora del ser humano con aquella fruta; habida cuenta que se entendía que la líbido procedía del hígado. Órgano vital del que consideraban los médicos en la Antigüedad nacía el deseo sexual; una idea que llegó hasta nuestros días, tanto que se denomina "libidinoso" a lo que se creyó originado en aquella parte del cuerpo que en inglés se dice "liver". En una entrada anterior ya hemos comentado que aún más extraña era la teoría médica antigua que consideraba cómo el hígado se curaba ingiriendo higos (quizás por su efecto purgante) . Siendo tanta la identificación y la uniòn entre ese órgano y la fruta, que a ambos se les denominó de una igual manera: Higo e hígado. En opinión de algunos ello se debió al parecido existente entre la glándula hepática y la breva, aunque en todo ello también los identificaba el ser igualmente de algún modo similares al sexo (sobre todo al femenino); por lo que se creía que del hígado partía el deseo "carnal". Por lo demás, también se consideraba que al ingerir el fruto de la higuera se recuperaba el vigor sexual y de ello aquel árbol (y hasta sus hojas), fue tenido por el símbolo de la cópula -tanto que como ya dijimos, en algunas lenguas como el hebreo, "higuera" se dice igual que "fornicar" : "THANE"-.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado y abajo, diferentes Higas en hueso pertenecientes al tesoro de Villaricos ( fechadas entre los siglos del VII al IV a.C., y propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Los fenicios generaron una auténtica industria de los amuletos, que fabricaban principalmente en hueso y en pasta vítrea. Tal fue la difusión y profusión de estos objetos que extendieron por todo el Mediteraneo (en forma de cuentas, abalorios, dijes y talismanes), que los griegos acusaban a los púnicos de timar a sus "socios", comerciando con lo que los helenos llamaban "quincalleria" (). Entre estos abalorios fenicios, los que más se repitieron fueron las cuentas de collar en forma de ojo y los amuletos como las higas o los pies (tanto como otros de origen egipcio).


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, diversos amuletos contra el Mal de Ojo de los siglos XVII al XX, propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León (foto tomada del libro ENSERES, Zamora 2007, catálogo del Museo, página 208). Vemos en la imágen, algunas "higas" en coral y en asta de animal, de hace trescientos (o doscientos) años. Abajo y a la derecha se puede observar una última más moderna y cristianizada, en la que aparece una cruz en el lugar de los dedos.
 

ABAJO: Capitel del siglo XIII en la iglesia de Cervatos de la Cueza, lugar en la ruta del románico erótico -que principalmente se da entre Palencia y Cantabria-. Esta figura de mujer enseñando el sexo, que a veces se representa tan solo como una vulva (normalmente esculpida en las portadas de las iglesias y de los castillos) es en nuestra opinión la llamada en Irlanda y en las Islas Británicas "Sheela-Na-Gig". Se trataba de una escultura obscena sexual, o de una figura mostrando la vagina y que se tallaba en las entradas de los recintos sagrados, o reales. Tenía el valor de provocar la suerte al lugar cuyo umbral coronaba, dando "fertilidad" y buen augurio al entorno. Como venimos repitiendo, estas matronas mostrando sus vergüenzas son herederas directas de deidades antiquísimas del tipo priápico o agrarias. Sustituyéndose en la Edad Media definitivamente los cultos a la madre tierra, que se llevaban a cabo en fiestas de la agricultura (del tipo órfico); por estos otros ritos que como los carnavales o las mascaradas, ya se realizaban frente o en las iglesias. Al menos hasta el siglo XV se permitió libremente que aquellas "madres de la agricultura" enseñando su sexo (cual si fueran la tierra abierta para ser semillada) siguieran presidiendo los templos cristianos -por cierto, oservemos la similitud entre lo que "enseña" esta Sheela-Na-Gigs española con el diseño de la lámpara romana de unas fotos más arriba-.


En referencia al hígado el importante significado de este órgano fué tal en la Antigüedad, que -como ya hemos dicho- se pensaba que allí residía el alma humana. Siendo sobre todo el pueblo etrusco uno de los que más valor dieron a esa víscera hepática. Algo que heredaron los romanos, quienes llegaban a pensar que de allí partía el pensamiento y hasta las pasiones humanas. Ello por saberse que los nervios y los estados de alteración de carácter afectan al hígado; siendo un hecho que la bilis está plenamente unida al estado anímico o de stress del individuo. Por lo que consideraban que el valor procedía de aquel órgano tan vital y de ello, entre los militares el hígado se tuviera por sagrado. Tanto que (como ya dijimos) la religión que los latinos heredaron de Etruria y que realizaba lecturas de las visceras del animal (o persona) sacrificado; tenía como ceremonia principal la hepatoscopia. Rito consistente en observar y prececir el futuro por medio del análisis del hígado del recién inmolado. La importancia del culto a ese órgano era tanta que podemos encontrar entre los restos etuscos moldes para el estudio de aquellos. Modelos con el hígado ya dividido en partes entre las que a cada una se asignaba a una divinidad, o a una casa del Cielo. todo ello con el fin de enseñar a los sacerdortes a leer el futuro en esos moldes hechos principalmente en bronce y que se preparaban para las escuelas de arúspices (augures lectores de vísceras, de origen etrusco pero que establecieron su culto en Roma).

Finalmente, queda tan solo por relacionar el hígado con la vista y con las oftalmias, algo francamente sencillo de comprender debido a que ya sabemos como antiguamente pensaban que la sexualidad partía de allí. De ello, si se consideraba que la ceguera se producía por los excesos sexuales, debido a que las enfermedades venereas afectan gravemente a los ojos. Los órganos reproductores, tanto como el hígado y los ojos, se veían interrelacionados bajo los mismos "humores corporales". Por lo que fácil será imaginar que una de las recetas para curar todas estas dolencias (las sexuales, las hepáticas, o las de la vista) era la ingesta de higos. Fruta que se tomaba en toda celebración de Baco o Príapo, al ser considerada afrodisiaca. Pero que ya vimos era igualmente consumida como un medicamento, en una receta que se realizaba con una pasta de higos secos mezclada con otros elementos, a la que llamaban "sikuta" (de higo=siko).

Esta sikuta era suministrada principalmente a aquellos que tenían dolencias estomacales que normalmente se consideraban originadas por el hígado. Como hemos mencionado se trataba de un preparado cuya base consistía en una masa formada por hígos secos, a la que se le añadían más "medicamentos", pese a que el principal curativo era la pasa de breva. Fruto seco que era la base económica de la Hélade, tanto que hemos de decir que los ejércitos griegos se alimentaban principalmente de pan de higos y de mojama. Pescados en salazon y brevas secas que podían conservarse durante meses, tanto como transportarse por los soldados (usándose para hacer sopas o comer en cualquier momento, conteniendo una carga vitamíjica que impedía los escorbutos y las anemias). La importancia de los higos era tanta que se prohibía la exportación fuera de las ciudades-estado a la vez que muchas de las campañas de colonización a tierras lejanas que realizaban los helenos, se hacían por motivo de conseguir estos frutos que en su tierra eran difíciles de cultivar (debido a lo pedregoso y seco del terreno).

Por cuanto decimos, sería fácil comprender que estuviera prohibido exportar ni menos vender a un extranjero aquellos higos (que eran la base de la alimentación de los soldados y de la población). Prohibición tan férea, que hizo nacer Grecia una extraña figura al que se denominaba el falso delator del que vendía higos. Aquel al que se llamaba "sicofanta" () fue en principio un chivato que denunciaba a quienes tenían cultivos de brevas y no los vendian enteramente para el herario público. Degenerando aquella figura del delator (que ya desde sus orígenes normalmente denunciaba mintiendo), hacia un tipo de falso chivato que se extendío e impuso en Grecia. Quienes normalmente presentaba querellas en los tribunales a todo rico, solo por serlo; acusándole sin motivos y tan solo para obtener dinero a cambio. Comenzaron las denuncias a los que se decía vendían higos a extranjeros, aunque ya la delación falsa se extendió a cualquier motivo, pese a que el nombre de estos que tenían como misión amargar la vida de los ricos siguió siendo sicofantas -de sicón (higo) y fantes (denunciar)-. (para conocer más sobre este extrano hecho ver: http://www.filosofia.org/enc/eui/e551144.htm ).

Para finalizar diremos que consideramos muy posible que el origen del temor al envidioso nazca de la figura de aquellos Sikofantas. Los falsos delatores que sin motivo y solo para hacer daño al rico o al poderoso, los denunciaban de continuo en la Hélade (sobre todo con el fin de obtener algo de dinero, pese a saber que partían de hechos falsos). Puesto que era verdad que en Grecia en cuanto alguna persona fue conocida como adinerada, aparecían aquellos falsos denunciantes, principalmente a decir a las autoridades que exportaba ilegalmante (higos o cualquier mercancía prohibida). De ello creemos que pudo surgir la seña de la "sika" (la Higa) para combatir al tan temido "sikofanta", el envidioso capaz de presentar demanda solo por hacer daño al que tenía más que él. No siendo una teoría absurda considerar que aquella Higa se hizo como talismán para ahuyentar a "delator de higos" (sicofanta); debido a que la señal hecha con la mano en un principio era insultante. Ya que ese gesto de cerrar el puño y sacar el dedo gordo, los griegos lo realizaban a modo de vejación (como la peineta entre nosotros). Por lo que es posible que de ese modo señalaran a los sicofantas, entre los que hubo verdaderos profesionales de la falsa denuncia (muchas veces llevada a cabo tan solo por hundir la vida del rico).

Así, de todo cuanto hemos ido estudiando, vemos que la relación entre el higo y la higa y entre esta y el hígado fue muy estrecha. Tanto como la identificación de la Higa o Figa con el ojo (el sexual o el de la vista), que se basa principalmente en "magia simpática" aunque por otro lado proceda de los hechos médicos que relacionaban las oftalmias con las dolencias venereas. Por lo que muy comprensible es que con esta mano cerrada de la que sale el dedo pulgar se pretendiera hacer huir al mal espìritu de la envidia que traía el Aojo y a la oftalmia del sexo: Al sicofanta y al tracoma.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, exvoto del siglo XIX, hecho en una lámina de plata y que a nuestro juicio se trata de un hígado votivo (propiedad del Museo Etnográfico de Castilla y León, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen. Foto tomada del libro Enseres, catálogo del Museo, Zamora 2007).
 
ABAJO: Famoso higado etrusco de prácticas de augur fechado en el 150 a.C. y hallado hacia 1878 en Piacenza (propiedad de Museo Cívico de Piacenza, al que agradecemos nos permoita divulgar su imágen). Se trata de un modelo donde se enseñaba la hepatoscopia a los arúspices; hecho en bronce, está dividido en partes o casas del cielo, adjudicando a cada deidad una zona del órgano. Como dijimos, el hígado era de donde suponían los antiguos que partía el deseo y las pasiones; por lo que su unión al higo como símbolo sexual era absoluta. Del mismo modo, los etruscos consideraban que en este órgano habitaba el alma humana, de ello que lo estudiaran tras sacrificar en el templo, con el fin de poder leer en aquel órgano el futuro.


CITAS:
(1) Cita que recojo de la madre de Julio Caro Baroja, tomada de la vitrina en que se contenía la Higa en la exposición de la Fundación Joaquín Díaz: EL CUERPO EN LA TRADICIÓN. Ver libro del mismo nombre, capítulos: "Higo, higa, hígado y aojo (magia religión y medicina)". Publicado por la Fundación Joaquín Diaz. Valladolid 2005.


(2) San Isidoro en Etimologías afirma que el nombre de azabache procede del rio turco donde se halló por primera vez, llamado Gagas (y de aquí: "Az-gagas"). Aunque realmente la voz es de origen árabe y parece que se relaciona con el color negro que guarda este carbón precioso.
(3) Foto tomada del libro "ENSERES". Catálogo de MUSEO ETNOGRÁFICO DE CASTILLA Y LEÓN; Zamora 2006 (Página 209).
(4) Diccionario de la Real Academia Española, primera edición 1780.
(5) Richard Payne, fue uno de los primeros expertos en ritos y religiones órficas; estudios que recogió en su importante libro "El culto a Príapo". Sus investigaciones tomadas como "poco serias" en el siglo XVIII, al versar sobre el significado y la veneración al falo en la Antigüedad. Constituyen una fuente de sabiduría sobre el sentido religioso de los pueblos primitivos, relacionado las fuerzas naturales y la sexualidad. Por lo demás, el mencionado Richard Payne, fue uno de lo grandes benefactores del Museo Británico; entidad que se funda en gran parte a los fondos que aquel donó.
BAJO ESTAS LINEAS FOTO DE LA ESTATUA DE RICHARD PAYNE EN EL MUSEO BRITÁNICO.

























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